domingo, 3 de febrero de 2019


Nota muy imortante: Este artículo es muy complicado; está sugerido sólo para personas que desean mejorar su vida sentimental, y encontrar respuestas para sus problemas inexplicables y sus esfuerzos infructuosos.  Se aclara que una persona sin capacidad para comprender lo que aquí se explica puede terminar confundida y afectada negativamente.  Se pide, por lo tanto, la responsabilidad y seriedad pertinente del lector.



 


     Los sentimientos impuros son como un pantano de arenas movedizas; como un pozo de aguas  sucias;   como un camino lleno de maleza, por el cual puede caminarse con mucha dificultad y peligro;  como un día de neblina; como un río caudaloso;  como el mar en tempestad.  Debemos buscar nuestros sentimientos puros y lograr con ellos un valle lleno de flores; una fuente de agua clara, pura;  un campo sembrado;  un árbol frondoso; un bello jardín;  una despensa provista, de donde podemos tomar toda clase de cosas buenas para generar muchas más.   
Los sentimientos puros pueden estar pegados a los impuros, provocando oposición, conflicto, confusión, debilidad,  dolor, tristeza y peligro.  Debemos reconocer lo impuro y lo puro, para poder proceder a hacer la separación correspondiente.  La parte más difícil es la de la identificación, le sigue en dificultad la separación.  Después de esto queda la parte agradable de disfrutar lo logrado.
Dificultad implica no solamente seriedad, sino también tiempo.  La capacidad puede desarrollarse en el procedimiento.  Y con el tiempo perfeccionarse y dominarse.  Es, pues, necesario acercarse, involucrarse, comprometerse, analizar, y llegar hasta donde hay que llegar.
 
                Debemos comprender que una vida sin relaciones es una vida sin verdad.  Debido a la falta de relación con los demás, no podemos saber con certeza si lo que sentimos acerca de nosotros mismos es una realidad o solamente una sensación.  La Biblia nos habla de envanecimiento.  Esto significa que tenemos una percepción interna, en nuestra mente, que no coincide con la realidad.  Se hace, pues, necesario, comprender la dimensión correcta de la vida, para obtener todo lo que ella puede y quiere darnos.
                El orden correcto para el desarrollo del ser  humano es:  descubrimiento de sí mismo, (en los primeros diez años); la comprensión de sí mismo (de los 10 a los 20); la definición de la identidad (de los 20 a los 30); y la adaptación, a partir de los 30, que se hace necesaria en forma drástica, marcada, cada diez años, y es una necesidad constante, según el temperamento, la identidad y las circunstancias de cada individuo, es decir, una opción de responsabilidad personal.
                Algo que no habíamos entendido correctamente es que la comprensión del mundo exterior no debe darse independientemente de nuestra individualidad.  Cada individuo debe tener la libertad necesaria para unir el saber con su propia identidad.  Esto significa que la verdad:  dimensiones, colores, notas musicales, ciencia, formas, etc. debe transmitirse en una forma totalmente pura, independiente de todo sentimiento personal, para que cada persona pueda mantener esta pureza, no mezclando sentimientos ajenos con ella.  Nuestros sentimientos personales son totalmente puros, mientras la verdad permanezca intacta.
                Mientras no nos hayamos definido, la verdad principal seremos nosotros mismos.  Todo lo que aprendamos estará en mayor o menor medida afectado por nuestro concepto de nosotros mismos.  Es sólo hasta que nos definamos que podremos comprender las verdades generales que forman el fundamente de la vida en su totalidad.

                Si le explicamos a un niño que (a + b)2 = a2 +ab +b2, o cualquier otra cosa compleja de las matemática o la física, él nos explicará que estamos confundidos, y que estamos confun-diendo las letras con los números.  El niño tiene un panorama perfecto de la vida, y tiene la razón al 100%.  Intentar poner conocimiento ajeno a su capacidad de comprensión es violencia.  En el momento en el que el niño responde de esta forma debemos reconocer la necesidad de callar, detenernos y respetar su crecimiento y capacidad personal.
                Lo mismo se da a lo largo de la vida.  Cualquier persona que se muestre reacia a aceptar el conocimiento debe ser reconocida como una persona incapaz de manejarlo, o bien, una persona que no ha definido su identidad, y por lo tanto, no puede ver la verdad ajena a ella misma aún.  Cuando esto se manifiesta después de los 30 años puede averiguarse si se trata de una persona que ha sufrido y padecido violencia, siendo privada de su libertad y de su derecho a la verdad, o de una persona que se niega a tomar su lugar de persona adulta y madura en la vida.
                Necesitamos, pues, desarrollarnos en ambientes de libertad y verdad.  Es esto lo que nos concede descubrirnos, comprendernos, definirnos, y disfrutar la vida en toda su magnificencia.  Al darse esto, empezaremos a conocer nuestro mundo interno y nuestro mundo externo.

                El infinito se encuentra en esa área interna que no puede ser penetrada por nadie.  Ni siquiera nosotros mismos podemos saber hasta dónde podemos llegar si se nos concede la libertad para recibir la verdad no corrompida por interpretaciones personales o colectivas de otros.  Debemos transmitir principios, ciencia, reglas, leyes, valores universales absolutos, sin limitar de ninguna forma la aplicación práctica que cada uno desee hacer con ellos.  Todo debe ser impartido en su totalidad:  pros y contras, lado positivo y lado negativo, constructivo y destructivo, en términos de generalidades.  Su aplicación es una responsabilidad individual.  Pero la libertad debe ser la ley que nos guía y protege.
                El que una persona se muestre incapaz de manejar la información es la señal para detenerse.  Cada uno debe recibir solamente tanto como puede asimilar.  Así como al comer.  No sirve de nada comer libras de comida en una hora, porque el cuerpo no tiene la capacidad de asimilarlo, podría hasta morir.  La comida debe ser ingerida según la necesidad, según el sexo, la región territorial, el clima, y otros factores que definen la necesidad.  De la misma forma debe ser manejado el conocimiento, respetando edad, temperamento, y especialmente:  los sentimientos, que es lo que hasta aquí había sido totalmente ignorado y herido.

                Dado que somos seres imperfectos, únicos, la vida no puede desarrollarse sin cierta cantidad de errores, incomodidad, e incluso dolor.  Pero debemos comprender que todo esto es parte de esta vida maravillosa que estamos encontrando, abrazando y disfrutando.  En la medida en la que hayamos comprendido las leyes que la rigen, y respetemos este funcionamiento, podremos disfrutarla cada vez más.  Al entender esto participamos en este proceso lejos de resistirnos.   Esto hace que el aprendizaje sea más agradable y menos difícil, largo, doloroso e infructífero.
                Al hacer las cosas mal hechas, obtenemos decepción, pérdidas (de tiempo, de recursos, de logros, de premios), malestar, confusión, inestabilidad y hasta destrucción.  Es por eso que se hace tan necesario  el entender correctamente las leyes, para no fallar en lograr toda la felicidad que podemos llegar a disfrutar y hacer nuestra sin titubeos, mala conciencia, retraso ni decepción.  Esto es madurez.  Esto es perseguir la plenitud.

                El principio es:  “TODOS tenemos DERECHO a la verdad, no importando cuánto entendamos de ella.  NO podemos ni debemos segregarla, simplemente, al compartirla e impartirla cada uno tomará lo que cada uno puede aprovechar de ella.  Cada individuo debe mostrar un rechazo personal y voluntario a este derecho.  Nadie más puede ni debe hacerlo (decidir por otro), pues sería haber violado el derecho individual.”

                Como primera cosa todos conoceremos nuestros propios sentimientos.  Como se nos ha enseñado correctamente, en la etapa de niños es muy importante la interacción con el mundo exterior, pues es esto lo que nos permite descubrirnos.  Para los padres es muy importante poner a funcionar el amor y no forzar ni restringir la libertad del niño.   Se necesita la observación, el conocimiento, la paciencia, la fidelidad, el amor, para que la verdad lleve vida, bendición, fuerza, y no peligro y destrucción.  Tiene más responsabilidad aquél que imparte que aquél que recibe.  “Todo lo hizo hermoso en SU TIEMPO.”  Ecl. 3:11

                Habiéndonos desarrollado correctamente, nuestros sentimientos se mantendrán puros.  Como dijimos, la vida se desarrolla desde la imperfección buscando la perfección.  Empezamos en un plano de materia prima, que debe seguir el curso de la purificación para lograr la joya.  No desechamos la piedra debido a las impurezas, limpiamos las impurezas para rescatar y disfrutar lo precioso que se encuentra dentro.  Aquí está la clave de:  los tuyos, los míos, y los nuestros.  Esto nos corresponde a los adultos, y podemos intentar comprender estos principios desde la etapa de la comprensión de nosotros mismos.

                En las relaciones debemos guardar la ley de la pureza lineal.  Entramos en una relación con confianza, con honestidad, con fe, con libertad, con integridad.  Esto nos coloca en un plano de neutralidad desde el cual deberemos aplicar la responsabilidad para con la verdad.  Desde un principio deberemos juzgar si existe algo puro que nos una verdaderamente a la persona con la cual buscamos la relación.  Aquí debe darse la respuesta auténtica, pura, que forme la unión, cree el puente, abra la puerta, para dejar el lazo de la amistad.
                Cuando se da la relación hablamos de:  “los nuestros”.  La relación está formada por el conjunto de los sentimientos compartidos, que se reducen a las experiencias compartidas.  Esto es muy importante.  Aquí está el secreto de la pureza, de la felicidad lícita,  La impureza se manifiesta en el momento en el que nos alejamos de la verdad.  La pureza está, por lo tanto, en apegarnos completamente a ella.  Esto es algo que debemos ejercitar para aprenderlo, manejarlo correctamente y aplicarlo constantemente a lo largo de toda nuestra vida para no perdernos ninguna felicidad que la vida quiera concedernos.

                Como niños creemos que todo lo que sentimos, percibimos, soñamos, deseamos, es LA verdad.  Es sólo en la etapa de  la juventud en la cual podemos comprender que esto no es así.  Aquí empieza la responsabilidad personal para con LA verdad, la cual está más allá de nuestro centro y núcleo.  Debemos salir del pensamiento inocente, que debe permanecer en el área de la maldad personal (ausencia de ella), para adentrarnos al terreno en el cual podemos reconocer la maldad y también lidiar con ella.  “Integridad es la DISPOSICIÓN para lidiar con la verdad.”  “Madurez es la CAPACIDAD para lidiar con la verdad.” 
                Es muy posible que en la relación se haga manifiesta la impureza de nuestra alma.  Es de esta forma que vamos sembrando flores en nuestro campo, definiendo el sistema de purificación de nuestra tierra y de nuestra agua, para que el terreno dé siempre buen fruto y el agua corra siempre limpia.  Necesitamos pues, la honestidad, la disposición, la humildad, la fidelidad:  observación, escuchar, y apegarnos a la verdad totalmente.
                “Los  nuestros”  significa que independientemente de sentimientos personales de uno u otro, hay sentimientos que son compartidos por ambos:  risa, emoción, alegría, enojo, indignación, esperanza, deseo, gustos, placer, ilusión, paciencia, etc.  ¿Cómo podemos saber sin el más mínimo margen de error que estos sentimientos son compartidos?  Por una sola respuesta inequívoca y segura:  los hechos.
                Esto puede parecer muy sencillo, pero es muchas cosas menos sencillo.   Es algo muy complejos, delicado, serio y complicado, que sólo a través del tiempo irá perfecionándose hasta otorgarnos la plenitud.
                Hay algo maravilloso en estas relaciones lineales.  Funciona como la química.  El elemento solo no hace ningún cambio, pero ya en combinación con otro puede obrar grandes cosas.  Al estar solos estamos conscientes de nuestro aburrimiento, de nuestra frustración, de nuestra incredulidad, de nuestras limitaciones, de nuestra debilidad, etc. y caemos en un hoyo negro de estancamiento y desesperanza.  Una relación lineal positiva, sana, buena, puede darnos una luz, una escalera, un pasadizo que ignorábamos existiera.  Debemos estar alertas, abiertos, sobrios, despiertos, crédulos, a través de la inocencia, la confianza, y la percepción de nuestros sentimientos puros para reconocer esta conexión que puede liberarnos para crecer, continuar, lograr cosas que no creíamos posibles.

                “Los nuestros.”  Aquí se encuentra la magia.

                La desconfianza, el menosprecio, la amargura, la soberbia y cosas semejantes pueden privarnos del beneficio que “los nuestros” pueden otorgarnos.  “Los nuestros” pueden hacer el milagro que tanto habíamos anhelado y no lográbamos de ninguna manera.
                Debemos aprender, por amor a la relación, por amor a la verdad y a la vida, a desapegarnos totalmente de nuestros sentimientos personales para sumergirnos profundamente en la relación y los sentimientos compartidos.  La profundidad de la inmersión aumentará conforme fortalecemos el lazo de la verdad en la amistad.

                Otra cosa maravillosa es que “los nuestros” pueden existir aunque la persona que participó de ello lo lamente, lo rechace, lo niegue.  Ella sufre la pérdida, pero aquélla que reconoce lo sucedido obtiene el don, el regalo, el obsequio que la vida le ha concedido.


 
        

             “Los tuyos” es la parte más conflictiva y difícil.  “Tus” sentimientos pueden ser totalmente diferentes a los míos.  Pueden ser algo totalmente desconocido para mí  y ajeno a mí, haciendo mi comprensión acerca de ti muy difícil, posiblemente desagradable, y hasta imposible.  Pero aquí entra a funcionar el respeto y el amor a la verdad.
                “Tus” sentimientos son sólo tuyos, no son míos.  No importando si los comprendo, veo con claridad, identifico y/o percibo, son “tuyos”.  Lo único que yo puedo hacer es respetarlos.  Es necesario comprender que esta parte le corresponde sólo a “tú”.  “Yo” no obtengo absolutamente nada de ellos.  En el momento en el que yo “toco” “tus” sentimientos, que no son “los nuestros” caigo en la corrupción, pues me he adentrado en un terreno que no me pertenece, alterando la inmunidad de mi espacio.  La otra persona puede estar perfectamente bien, respetando sus propios sentimientos, no entrometiéndose en los míos, y disfrutando con toda libertad e intensidad los sentimientos que compartimos:  “los nuestros”.

                Quien sufrirá grandemente al confundir “los tuyos” con “los míos” será la persona que se salió de su espacio, creyendo que aquello que le gustaba tanto era suyo.  Debemos marcar muy claramente la diferencia entre “los tuyos” y “los míos”.  Esto es integridad, madurez y fidelidad.  Aquí no hay corrupción, y hay muchas promesas de felicidad lícita.

                Una persona inmadura, vacía, decepcionada, frustrada, débil, impura, puede caer muy fácilmente en el error de disfrutar lo ajeno.  Son personas generalmente rechazadas.  Personas no gratas.
                Cuando cometemos el error de “creer” que los otros disfrutan o comparten nuestros sentimientos individuales cometemos un grave error que acarrea sinsabores y dolores; lágrimas y confusión; problemas y destrucción a diversos niveles.  Estamos siendo niños en la forma de pensar;  estamos fallándole a la madurez, al amor, a la vida, a la verdad.
Al encontrarnos en esta posición tenemos la tendencia a hacer culpables a los demás de nuestro malestar, desesperación, inconformidad y falta de felicidad.  Esto es una actitud egoísta de la cual todos tenemos que cuidarnos, pues, el egoísmo es algo que todos tenemos y debemos manejar, desechándolo y aprendiendo a amarnos y a amar.  Tenemos que desechar el egoísmo y desarrollar el amor propio.  Y esto puede hacerse desde muy temprano en la vida, pero dependerá de nuestro temperamento, capacidad individual e identidad.

                “Los míos” no son tan incomprensibles como “los tuyos”.  Pero de no haber tenido buenos padres, buena enseñanza, y un ambiente de libertad para descubrirnos en la primera etapa de nuestra vida podemos tener conflictos internos a lo largo de nuestra vida.  Esto que estás leyendo ahorita es lo que puede hacer que estos conflictos se resuelvan con menor dificultad y dolor.  Sólo necesitas comprometerte con la verdad.

                Cosas que hacen difícil la aceptación de “mis sentimientos” son:  la falta de amor propio, la falta de contentamiento (falta de conformidad con las circunstancias), infelicidad debido a la realidad individual.

                El egoísmo es como una enfermedad en los ojos, que impide que veamos la verdad y altera el cuadro, dándonos invariablemente una imagen distorsionada de la realidad, desligándonos de ella e incapacitándonos para conectarnos con la vida que nos ofrece un sinfín de posibilidades para nuestra felicidad lícita.    

                Regresamos, pues, una vez más, a la responsabilidad personal de buscar, hallar, respetar y proteger la verdad para caminar en integridad, amor y rectitud.

                Son “los míos” y “los nuestros” los que pueden contribuir a que nuestras vidas sean la fiesta que todos deseamos que sea. Nadie puede vivir feliz en una “eterna paz” que es realmente soledad, egoísmo y esterilidad.  No importando cuán bien nos sintamos al lado de un río, de un lago, en la montaña o al lado del mar o en la pradera, necesitamos la convivencia con los demás seres humanos, de vez en cuando al menos.

Personas entradas en años, viudas, o heridas pueden necesitar esto.  Pero en términos generales la paz sin alegría significa heridas en el alma.  Esta paz es necesaria para sanar las heridas.  Pero debemos comprender claramente que sólo existen dos opciones:  o estás herido o estás ensoberbecido.  Una de ambas tiene que ser la razón para no desear relación con los demás.  Debemos cuidarnos de no caer en el egoísmo que nos lleva a llenarnos de nosotros mismos y a despreciar a los demás seres humanos.

                Puede ser que una persona niegue, olvide y llegue incluso a odiar “los nuestros”.  Entonces estos pasan a ser “los míos”.  Esto es muy importante debido a  la conexión que existió, que puede hacernos sentir que no tenemos el derecho a “los nuestros” una vez han dejado de ser “los nuestros”.  Esto no es así.  Es una realidad que debemos defender, y es un derecho que debemos comprender para quedarnos con un tesoro eterno que nada ni nadie tiene el derecho de arrebatarnos.

                En casos de matrimonio y divorcio puede haber mucha confusión debido al dolor que provoca la infidelidad del otro.  Aquí es especialmente importante rescatar los sentimientos puros, dulces, buenos, que tuvieron su tiempo.  Es algo muy difícil y puede ser muy doloroso debido a la necesidad de separar lo malo de lo bueno, lo concluido de lo que sigue (tu propia vida), lo egoísta de lo amoroso, le débil de lo fuerte.   Pero es necesario y bueno.  La herida debe sanar.  Y el rescatar el corazón y amor propio puede contribuir grandemente a hacer de esto algo menos doloroso y menos tardado.

                Como dijimos al principio de nuestro artículo, los sentimientos positivos y negativos pueden estar juntos.  En este caso es así, y se hace delicado y necesario hacer la separación.  Para ello es indispensable tomarse el tiempo, tener paciencia y fortaleza, y ser diligentes, pacientes y perseverantes para lograr el cometido a través de la fidelidad.  Fidelidad a nuestro corazón, a nuestra identidad, a nuestra felicidad, a nuestra valía, a nuestro amor propio, a nuestra vida individual.
               
                ¿Qué sucede en el diario vivir?  ¿Debemos tener todo esto en cada relación humana?
                No.  Las relaciones humanas cotidianas se viven desde la relación:  de mente a mente.  La relación descrita anteriormente es la relación cercana;  es la relación deseada, buscada, aceptada.  La ley en la que nos movemos por lo general es la ley de “los míos”, pues todos tenemos más o menos sentimientos.
                Una persona madura habrá decidido si vivir más en el área de los sentimientos, o si descansar en el área intelectual.  Aun así, todos los que vivimos una vida de libertad, responsabilidad, felicidad lícita y fidelidad tenemos sentimientos constantemente, aunque los expresemos de diferente forma.

                Al haber irrespeto de parte de las personas, queriendo forzar una relación se dará el efecto de “los míos”, “los tuyos” y “los nuestros” en negro.  Veremos el lado oscuro y negativo de la vida y experimentaremos enojo, incomodidad, desagrado, repulsión, molestia y cosas semejantes.  Cada uno debe aprender a enfrentar estas circunstancias desagradables con inteligencia, sabiduría, seriedad, hasta alcanzar la madurez y poder comportarnos en circunstancias así con la misma tranquilidad que con la que bebemos nuestro café matinal.

Las relaciones humanas deben ser lineales, no colectivas.  El éxito de la vida en comunidad está en mantener la pureza de la relación lineal.  Lo que sentimos y vivimos al lado de cada persona es algo totalmente individual y único.  Aunque muchas personas nos hagan sentir bien, seguros, alegres, animados o felices, cada persona es diferente de las demás, no importando cuántas cosas tengan en común.  Nuestra individualidad es como las huellas digitales.  El estereotipo indica un alto grado de corrupción.

                Aunque todos podamos ver hasta cierto punto cómo se comunica o relaciona una persona con otra, hay cosas que solamente cada uno de nosotros sabe, porque se trata de “los míos”.  Mis sentimientos son sólo míos, y es mi responsabilidad personal asegurarme de que hay integridad en mí, y que lo que siento es puro.  El respetar la relación lineal contribuye a mantener la pureza en todos y cada uno, y en las relaciones, no importando cuánta gente llegue a participar en ello.  Todo esto nos permite vivir objetivamente, y es una gran ayuda para decidir cuándo intervenir en problemas ajenos y cuándo no.

                Lo que deberá buscarse en toda circunstancia es la justicia del amor.  El amor vela por todos por igual, no hace acepción de personas, no tiene preferencias, ve la verdad en su totalidad, y es por lo tanto la perfección celestial en el plano terrenal.

                Habiendo guardado la pureza lineal podemos pasar a disfruta de la comunión en grupo, debido a la homogeneidad.  Y respetando la ley lineal, podemos estar en comunión faltando la relación lineal, debido al respeto de la misma.  Aunque no congeniemos todos los presentes y el grupo no fuera homogéneo, se preserva la pureza manteniendo la relación lineal intacta.  Es decir, no hay comunicación directa, pero sí presencia.  No nos hablamos ni buscamos la cercanía, pero no nos ofende la presencia de aquéllos que son muy distintos a nosotros mismos.  Es la utopía que se convierte en una dulce realidad.

                En la relación íntima es especialmente importante asegurarse de que se está caminando en la línea de “los nuestros”.  En esta relación, que es íntima, debe tenerse especial cuidado de no caer en egoísmo.  Por lo tanto, el hecho de estar buscando tener “los míos” en lugar de “los nuestros” es señal de corrupción.  Notarlo puede evitar heridas en una relación en la cual uno ha confiado en la persona, desenmascarándola al notar que sólo pone atención a “los míos” y no a “los nuestros” como corresponde al amor.  Y también es importante tener en cuenta “los tuyos” para confirmar que no hay error en “los nuestros”.  “Los míos” pueden ser totalmente independientes de “los tuyos”, no así “los nuestros”.  Tener en cuenta “los tuyos” contribuye a:  comprender a la otra persona, adelantarnos para evitar ser lastimados o heridos, respetar correctamente a la otra persona, y a crecer en amor.

 
                    “Los tuyos” pueden ser completamente distintos, e incluso opuestos, a “los míos”, pero esto no implica que sea imposible “los nuestros”; “los nuestros” existirán, precisamente, en donde “los tuyos” y “los míos” se han unido en armonía. Habiendo comprendido esta maravillosa realidad, podremos adentrarnos en una relación, sin temor a lo que pueda o pueda no suceder.

                Queda, pues, vivir en responsabilidad y fidelidad hacia la verdad, hacia el amor, hacia nosotros mismos.  Y abrazar todas las cosas buenas que la vida nos conceda, así como vencer toda adversidad y saber que la vida es una sorpresa constante, una oportunidad, un reto, una invitación y una opción.

                ¡Vivamos, disfrutemos, aprendamos, crezcamos y celebremos la vida!

 

Canciones: 
"Sad songs say so much"  (Elton John);  "On my own" (P. Labell & M. McDonald); "Through the years" (Kenny Rogers);  "El Destino" (J. Gabriel & R. Durcal);  "Víveme"  (L.Pausini); "Nothing´s gonna change my love for you" (George Benson); "Te necesito" (L.Miguel)

Lectura:
Panfleto en inglés, para descargar gratuitamente:
"¿Cómo manejar y reducir  el estrés?"
https://www.mentalhealth.org.uk/publications/how-manage-and-reduce-stress
  
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